POR QUÉ ENGORDAS A PARTIR DE LOS 40 AUNQUE COMAS IGUAL

Muchas mujeres a partir de los 40 empiezan a notar algo desconcertante: comen prácticamente lo mismo que antes, pero su cuerpo cambia.

Aparece un aumento de peso progresivo, especialmente en la zona abdominal, más sensación de hinchazón y una dificultad mayor para perder grasa.

Y la pregunta más habitual que me encuentro con mis clientas es...“Si estoy comiendo igual, ¿por qué engordo?”

La realidad es que el cuerpo no funciona exactamente igual con el paso del tiempo, hay procesos en tu cuerpo que están cambiando y requieren de una adaptación a esta nueva etapa fisiológica.

Hay tres factores principales que hacen que sientas que hay cosas que ya no son exactamente como antes:

  • Pérdida progresiva de masa muscular, que reduce el gasto energético diario

  • Menor actividad diaria inconsciente: nos movemos menos sin darnos cuenta

  • Cambios hormonales progresivos, especialmente en la transición menopáusica

Todo esto hace que comiendo lo mismo que antes, al cuerpo le sobren unas cuantas calorías que lo que hace es acumularlas en forma de grasa, y en esta época, sobre todo en la tripa.

Y lógicamente esto nos lleva a cometer uno de los errores más comunes: pensar que la solución es comer menos.

Lejos de ayudarnos, esto suele generar el efecto contrario: más hambre, más ansiedad, peor adherencia y efecto rebote.

Y aquí encontramos la pieza clave de este rompecabezas, y nunca mejor dicho, ya que comienza una etapa en la que debemos optimizar al máximo lo que comemos y elegir alimentos de calidad nutricional, que nos sacien y que nos aporten todos los nutrientes que estamos necesitando en esta nueva etapa.

Con todo esto, tenemos la receta perfecta para este nuevo periodo:

  • Priorizar entrenamiento de fuerza para mantener músculo. Más músculo es más salud metabólica, gastaremos más calorías incluso en reposo y sobre todo alargamos nuestra autonomía para la vida diaria en el futuro.

  • Asegurar suficiente proteína diaria. Suma al ejercicio de fuerza una ración de proteína en cada una de tus comidas. Sí, en el desayuno también. Fuentes de proteínas tenemos para todas las comidas del día: queso fresco batido, carnes magras, pescado blanco y azul y por supuesto, legumbres.

  • Aumentar el movimiento diario (no solo ejercicio). Cada día se lo recuerdo a mis clientas de entrenamiento de fuerza…está genial que entrenemos fuerza 2 días por semana, pero si no hacemos la intención de movernos durante el día, estaremos perdiendo una gran parte de nuestros potenciales beneficios. Si tienes un trabajo sedentario, puedes empezar por caminar 20 minutos en algún momento de la mañana y 20 en algún momento de la tarde.

  • Estructurar la alimentación sin restricción extrema. Aquí, es fundamental como hemos dicho, aprovechar al máximo las calorías que ingerimos para que nos sacien evitando picos de hambre y antojos y que nos aporten todos los nutrientes esenciales en esta etapa.

Conclusión: No es que tu cuerpo haya dejado de funcionar, es que ahora funciona de otra manera y necesita un enfoque distinto.

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